Un grupo de vecinos de Castelar y Haedo consiguió frenar la instalación de canchas de pádel que se proyectaba en zonas residenciales de ambos barrios. El rechazo se dio tras semanas de reuniones y reclamos en los que los habitantes marcaron su preocupación por el impacto que la obra tendría en la vida cotidiana del lugar.
Los argumentos principales giraron en torno al ruido nocturno, el tránsito de autos en calles angostas y el uso de terrenos que los vecinos consideran reservados para el espacio público o para viviendas. La iniciativa había avanzado en una primera etapa, pero la presión del barrio terminó por inclinar la balanza en contra del proyecto.
Una discusión que crece en el conurbano
Para el vecino de la zona oeste, el caso se suma a una discusión que viene creciendo en varios municipios del conurbano: dónde se habilita el desarrollo privado de polideportivos y canchas techadas, y hasta qué punto convive con el descanso y la identidad de los barrios residenciales. El precedente deja claro que la participación de la comunidad puede torcer decisiones urbanísticas.
Queda por verse si el proyecto se relocaliza en otro punto del distrito o directamente se archiva. Mientras tanto, los vecinos de Castelar y Haedo celebran un freno que consideran un triunfo de la organización barrial frente a la lógica del desarrollo apurado, un tema que seguirá en agenda en la sección de servicios y urbanismo local.




