A los 21 años, Ángeles González reparte su día entre el profesorado de Educación Física, su trabajo como profesora de acrobacia y natación y dos emprendimientos que armó por su cuenta en Ituzaingó. Tiene dos hijos y, según contó esta semana a la prensa, el esquema que sostiene no salió de ninguna fórmula: se fue construyendo a fuerza de organizar horarios, invertir de a poco y no soltar ninguno de los frentes.
El primero de los proyectos nació a comienzos de 2023, durante su segundo embarazo, cuando buscaba una manera de trabajar desde casa sin quedar atada a horarios rígidos. Empezó con papelería creativa y hoy hace diseños para eventos, marcas, grupos de egresados, clubes y familias, además de ropa personalizada con la técnica de DTF: remeras, buzos, pantalones y camperas. El segundo es más reciente y gastronómico: vende pizzas, pre-pizzetas y pre-pizzas listas para cocinar en casa.
Lo que cuesta sostenerlo
La propia protagonista es clara sobre la otra cara de la actividad. "Emprender lleva mucho desgaste en todos los aspectos", resumió. Su caso refleja una decisión cada vez más común entre jóvenes del conurbano: frente a empleos de muchas horas y un ingreso que no siempre alcanza, probar con un proyecto propio para ganar autonomía y dedicarse a algo que les gusta. El costo suele aparecer en el cuerpo y en la agenda, porque el emprendimiento no respeta feriados ni horarios de oficina.
El contexto del distrito
En Ituzaingó, ferias y rondas de negocios vienen ganando lugar como espacios para que emprendedores chicos muestren lo que hacen y consigan clientes sin depender solo de las redes. La historia de Ángeles muestra el otro lado de esa vidriera: el trabajo diario, la inversión inicial y la dificultad de sostener varios ingresos a la vez, un tema que también aparece seguido en nuestra sección de sociedad.


