La futura Policía Comunal de Morón, que saldrá a la calle en los primeros días de diciembre con 130 integrantes, podrá recurrir a armas de fuego personales ante un hecho grave. El intendente Lucas Ghi confirmó la decisión el jueves 10 de septiembre, horas después del tiroteo frente al Colegio Emaús de El Palomar, donde un comisario mayor retirado fue baleado cuando llevaba a su hija a la escuela.
El anuncio no significa que el Municipio reparta pistolas reglamentarias: la ley bonaerense prohíbe a los intendentes comprar y entregar armamento letal a una fuerza local. El camino que eligió Morón es otro. La primera camada está integrada por exintegrantes de fuerzas de seguridad que conservan estado policial vigente, una condición que los habilita a portar y usar su arma particular, estén o no de servicio. En paralelo, el Municipio aportará equipamiento de baja letalidad como dotación oficial.
"Se está trabajando con la provincia para que exista una ley provincial que nos permita tener personal armado bajo nuestra jurisdicción", explicó Ghi, que además mantiene conversaciones con la Gobernación y con el Ministerio de Seguridad bonaerense para destrabar esa reforma.
De 2.200 postulantes a 130 uniformados
La selección arrancó con unas 2.200 personas con estado policial vigente. Hubo cruce de legajos para descartar bajas por inconducta o causas penales, más una evaluación psicofísica que dejó el número final en 130 efectivos, con un promedio de edad de 40 años. La mayoría vive en Morón o en municipios linderos y ya pasó por una fuerza de seguridad, por lo que el reentrenamiento se comprimió a cuatro meses: formar un policía desde cero hubiera demandado un año o más.
La fuerza tendrá funciones acotadas. Hará prevención y presencia en la vía pública, corredores escolares, zonas comerciales y puntos de mayor circulación; no investigará, no hará allanamientos ni trasladará detenidos. El Municipio ya proyecta una segunda promoción para el primer cuatrimestre del año que viene.
El debate que deja abierto el caso de El Palomar
El anuncio llegó en medio del reclamo vecinal por el asalto a tiros frente al Colegio Emaús, el mismo establecimiento al que asisten los hijos del intendente y donde él mismo estudió y trabajó como docente. Padres y frentistas de El Palomar sostienen que los robos en los horarios de entrada y salida no son excepcionales, y esa presión explica la velocidad de la respuesta municipal.
La discusión de fondo sigue abierta: una fuerza pensada para la prevención territorial sumará capacidad de fuego sin un marco provincial específico que regule protocolos, conducción operativa y responsabilidades. Para los vecinos, la pregunta práctica es quién decide cuándo se dispara y con qué entrenamiento. En nuestra sección de policiales seguimos los cambios en las fuerzas de seguridad del oeste.




